lunes, 28 de abril de 2014

Las Tetas de Viana (1144 msnm): montañas emblemáticas de la Alcarria

Las Tetas de Viana constituyen los cerros testigo probablemente más emblemáticos del centro peninsular. Junto con el Ocejón probablemente sean las montañas más conocidas y ascendidas de mi querida provincia. Se localizan al sur de la localidad alcarreña de Trillo, suponiendo su ascensión un entretenido y agradecido paseo de bonitas vistas. Lo único que perturba esta belleza idílica sólo es la cercana presencia de la central nuclear de Trillo.

El recorrido que seguimos es el que asciende desde la localidad de Viana de Mondéjar, donde se puede dejar el coche sin dificultad junto a la bonita iglesia románica. Una vez allí se sale del pueblo en dirección hacia los dominantes cerros pasando junto a un parquecillo. El sendero está muy bien marcado y el recorrido se describe de forma muy amena y detallada en el siguiente enlace: http://www.senderismoguadalajara.es/tetas-de-viana/

En esta entrada me centraré más, como es habitual, en los aspectos naturalistas. En el recorrido se pueden apreciar en todo su esplendor la mayor parte de los elementos definitorios del paisaje alcarreño tan minuciosamente descrito por Camilo José Cela en su "Viaje a la Alcarria". De este modo encinares, quejigares, pinos carrascos, tomillares, esplegares y aliagares se dan la mano con cultivos de secano, choperas, viñedos y olivares en una sucesión ininterrumpida de valles y páramos.

En el inicio de la ascensión se recorre ladera de pendiente moderada poblada fundamentalmente por carrascas (Quercus ilex subsp. ballota) con pinos carrascos (Pinus halepensis), enebros de la miera (Juniperus oxycedrus) y sabinas negrales (Juniperus phoenicea). La cubierta de matorral es densa, predominando la aliaga (Genista scorpius), el romero (Rosmarinus officinalis), el tomillo (Thymus communis) y el espliego (Lavandula latifolia). A lo largo de la ascensión pueden verse en laderas más umbrosas o vaguadas algunos quejigares (Quercus faginea subsp. faginea), cuyo colorido contrasta fuertemente con el predominante en el entorno, especialmente en otoño. 

Conforme nos aproximamos a la parte alta de la ladera aparecen las primeras cornicabras (Pistacia terebinthus), cuyo nombre se debe a unas agallas muy llamativas que se asemejan a cuernos. En otoño además presentan un bonito color rojizo que las hace destacar mucho entre la vegetación mediterránea perennifolia. Hay varios ejemplares creciendo en la propia cumbre que llaman mucho la atención. Justo en el pequeño cortado que marca el borde de la pequeña meseta que constituye la cumbre espera otra pequeña sorpresa, un edificio tobáceo testigo de periodos pasados de mayor humedad cuando una surgencia de aguas carbonatadas posibilitó la formación de esa roca tan especial. El ascenso final hasta la cumbre no reviste ninguna dificultad, ya que todos los pasos un poco complicados se encuentran equipados con cadenas o una escalera para la trepada final. Ahora ya sólo queda disfrutar de las vistas desde tan privilegiada atalaya.

Las Tetas de Viana desde Viana de Mondéjar. La de la izquierda es la que se puede ascender sin trepar en su parte final.

Encinar en el recorrido hacia la cumbre

Vegetación variada en la Alcarria. Llama la atención el contraste cromático que introducen los quejigares en el paisaje, especialmente en otoño.

Cornicabra (Pistacia terebinthus) en otoño

Toba calcárea en el roquedo que delimita la cumbre

Panorama desde la cumbre: paisaje alcarreño en todo su esplendor

Cumbre de una Teta con las vistosas cornicabras

lunes, 31 de marzo de 2014

Aves acuaticas en el mar de Ontígola 30.03.2014

Llevaba mucho tiempo sin escribir por estos lares (no sé si se echaría mucho en falta... =P), y no será por falta de contenidos interesantes que intentaré ir incorporando poco a poco ;-), pero he tenido mucho trabajo y tareas diversas... Pero al fin he logrado sacar algo de tiempo y quiero retomar la actividad del blog con una entrada sobre la actividad más reciente que hemos hecho, ir a avistar aves acuáticas al mar de Ontígola.

Se trata de una balsa no demasiado grande situada muy próxima a Aranjuez y por tanto con muy buen acceso desde la autovía de Andalucía A-4. Como comentamos en su momento de las lagunas de Alcázar de San Juan, es en estos parajes donde uno se da cuenta de lo "agradecidas" que son las aves acuáticas. Y es que el entorno de la laguna no es que sea precisamente idílico: polígono industrial, carreteras, vía férrea... Pero tanto en la propia laguna como en la vegetación palustre circundante se puede encontrar una variada avifauna.

En  nuestra visita pudimos ver cerceta común (Anas crecca), porrón común (Aythya ferina), pato cuchara (Anas clypeata), somormujo lavanco (Podiceps cristatus), polla de agua (Gallinula chloropus), aguilucho lagunero (Circus aeruginosus), zampullín chico (Tachybaptus ruficollis) y la estrella para nosotros, el calamón (Porphyrio porphyrio), además de los siempre presentes ánade real (Anas platyrhynchos) y focha común (Fulica atra).

También se pudo ver una pareja de críalo (Clamator glandarius), algunas currucas como la cabecinegra (Sylvia melanocephala) y hasta un buitre leonado (Gyps fulvus), además de escucharse pájaro moscón (Remiz pendulinus) y ruiseñor bastardo (Cettia cetti).

Y como nota botánica (que no se deben olvidar nunca los orígenes ;-)), destaca la abundancia en el entorno de la laguna del cambrón (Lycium europaeum), que pudimos disfrutar en plena floración.

Lycium europaeum

Somormujo lavanco

Calamón

Aguilucho lagunero

Zampullín chico

martes, 5 de marzo de 2013

Colapso Maya (II): una sociedad condicionada por el clima

     El periodo Clásico de la civilización Maya discurrió entre el 300 y el 1000 de nuestra era y se caracterizó por la cantidad de monumentos que nos legó y el impresionante archivo histórico en forma de inscripciones que dejaron en las piedras de los mismos. El colapso de esta civilización tuvo lugar entre el 800 y el 1000 de la era cristiana y viene marcado por la pérdida de esas inscripciones. Se considera que una sequía de varias décadas pudo estar detrás del colapso Maya Clásico, pero los sedimentos lacustres que se han empleado hasta la fecha como archivos paleoclimáticos presentan problemas en su conservación y en la asignación de edades a los mismos.

     En un artículo publicado recientemente en Science, Douglas J. Kennett y sus colaboradores han utilizado la información paleoclimática almacenada en una estalagmita de la Cueva de Yok Balum, en Belize, para examinar si el colapso de esta espléndida civilización pudo desencadenarse por ciertos cambios climáticos acaecidos en este periodo. Esta cueva se encuentra muy próxima a la ciudad de Uxbenká, importante centro del periodo Maya Clásico. Las estalagmitas constituyen una importante fuente de información paleoclimática por su alta resolución temporal (en este caso inferior al año) y porque se pueden datar con precisión utilizando series isotópicas de Uranio-Torio (U-Th). Para extraer la información climática se analizó la relación isotópica de oxígeno, que constituye un buen estimador de la cantidad de lluvia que cae en el exterior de la cueva. De esta forma se han registrado largas sequías de varias décadas de duración en los siguientes periodos de nuestra era: 200-300, 820-870, 1020-1100 y 1530-1580. Otros periodos secos más breves pero muy intensos se han identificado alrededor de 420, 930 y 1800 d.C.

     A partir de estos datos los autores plantean la hipótesis de que el desarrollo político, económico y social en el territorio Maya se habría visto muy condicionado por los cambios en la productividad agrícola ligados a las oscilaciones en la precipitación. Así por ejemplo el registro histórico muestra cómo las fuertes sequías entre 1535 y 1575 en Yucatán (que se han registrado perfectamente en la estalagmita estudiada) provocaron un descenso muy acusado en la producción agrícola, lo cual trajo consigo el hambre y grandes mortandades en esta región. Este periodo nos puede resultar muy útil para comprobar que el registro paleoclimático de la cueva se corresponde con episodios reflejados en la historia escrita.

     Pasamos por fin a ver qué pasó con la civilización Maya Clásica. En el caso de Tikal (Guatemala), ya fue un importante centro regional durante el periodo Preclásico (1000 a.C.-300 d.C), pero alcanzó una posición preeminente durante los siglos III-IV d.C., caracterizados por una notable inestabilidad climática y social. Tikal y otras importantes ciudades se situaron próximas a humedales estacionales donde se practicaba una agricultura intensiva. El aumento en la precipitación que tuvo lugar al inicio del periodo Clásico favoreció los sistemas agrícolas y de suministro de agua de estas ciudades, posibilitando el florecimiento de muchas dinastías Mayas entre 400 y 550 d.C. Para explicar el colapso de esta civilización también se puede recurrir al clima. De hecho, a partir del registro de Yok Balum se infiere una acusada y prolongada sequía entre 820 y 870 d.C. que coincide con el periodo Clásico Terminal. En realidad desde el 640 de nuestra era se registra una tendencia hacia una creciente aridez que culminó en 1020 con una sequía de un siglo de duración. Esta sequía parece que pudo favorecer una degradación ambiental como consecuencia del fuerte aumento poblacional en el periodo húmedo de los siglos V-VI d.C. La sequía habría promovido un descenso en la producción agrícola, un aumento en las guerras entre ciudades y luchas políticas que habrían resultado ser finalmente insostenibles. La fragmentación política comenzó entre 760 y 800 d.C. en la región de Petexbatun, durante un intervalo seco, con una altísima densidad de población y con la máxima extensión espacial de ciudades con monumentos. En torno al 800 d.C. comenzaron a enrarecerse en gran medida las inscripciones en los monumentos, lo cual demuestra la pérdida de poder político en las ciudades, al mismo tiempo que proliferaban las guerras. No se sabe a ciencia cierta qué pasó con los pobladores de esta zona, pero los centros importantes se fueron desplazando hacia el norte de la península de Yucatán, terminando esta civilización con Chichén Itzá alrededor de 1000-1100 d.C., durante el periodo más seco y prolongado de los últimos dos mil años.

En esta figura tomada de Kennett et al. (2012) Science se puede apreciar un resumen de los principales hallazgos científicos que se han hecho a partir de la estalagmita YOK-I de Belize. Arrriba del todo se puede ver cómo fue evolucionando el número de guerras entre ciudades Mayas, percibiéndose cómo los dos máximos en torno a 800 y 900 d.C. coinciden con sendos periodos de sequía más acusada. Podéis observar cómo los principales episodios de colapso (en amarillo), coinciden con periodos de sequía intensa. La tendencia hacia una aridez creciente desde aprox. 650 C.E. sucede un periodo muy húmedo en el cual la población habría aumentado mucho, lo cual hizo que se comenzase una competencia fuerte por los recursos que se refleja en un incremento en el número de guerras. Sin embargo, las ciudades siguieron siendo poderosas, como se desprende del elevado número de monumentos. Las sequías en torno a 800 C.E. y posteriores condujeron a un nuevo repunte en las guerras y esta vez sí, un declive de la civilización Maya, que finalmente recibió la puntilla con la fuerte sequía entre 1000 y 1100 C.E. (desaparición de Chichén Itzá).

martes, 29 de enero de 2013

Observación de ballenas en el P.N. Marino Ballena (Costa Rica)

     En la costa del Pacífico costarricense podemos encontrar este interesante parque nacional marítimo-terrestre que comprende la bahía situada en torno a punta Uvita. El principal atractivo de este parque reside en sus poblaciones de cetáceos. Aunque en su parte marítima es posible encontrar diversas especies como por ejemplo los delfines de nariz de botella (Tursinops truncatus) o los comunes (Delphinus delphis), las verdaderas estrellas son las ballenas jorobadas (Megaptera novaeangliae), que tienen en estas aguas una importante área de reproducción. En este periodo, que en principio va de julio a octubre, es altamente recomendable contratar un tour de avistamiento de cetáceos en Uvita o Bahía, donde operan varias empresas especializadas en este tipo de turismo. Se sale de una de las bonitas playas del Parque Nacional (en nuestro caso Playa Piñuela) y se hace un recorrido por la bahía tratando de localizar las ballenas con sus crías. A continuación comento brevemente cómo fue nuestro recorrido.

     Comenzamos saliendo de Playa Piñuela, donde se aparca el coche en la propia playa, dirigiéndonos hacia la espectacular Playa de las Ventanas, donde existen unos impresionantes arcos formados por la erosión marina sobre las rocas de la costa. Durante todo el itinerario pueden verse diversas aves marinas como pelícanos pardos (Pelecanus occidentalis, "brown pelican"), tijeretas de mar (Fregata magnificens, "magnificent frigatebird"), corocoros blancos (Eudocimus albus, "white ibis") y piqueros pardos (Sula leucogaster, "brown booby"). Un punto muy interesante se encuentra en los islotes rocosos de Tres Hermanas, donde estas aves tienen colonias de cría. En todo el recorrido pueden verse las ballenas, en algunos casos bastante cerca, aunque los capitanes de los barcos procuran mantener una cierta distancia para no molestarlas.  Incluso con suerte, como la que tuvimos nosotros, se pueden avistar desde la playa. Es una experiencia realmente increible ver un animal de semejante tamaño, puesto que alcanzan de 12 a 16 m de longitud y hasta 36 t de peso... En días con mar en calma se efectúa además una parada para hacer buceo con tubo en los arrecifes próximos a los islotes Tres Hermanas. Una última curiosidad es que el tómbolo de punta Uvita, que es uno de los elementos geomorfológicos clave del Parque, se asemeja perfectamente a la cola de una ballena cuando se ve desde el aire con marea baja sugiriéndonos quizá un vínculo metafísico entre las ballenas y el medio físico en que se reproducen (aunque finalmente nos decantemos por una explicación más racional y digamos que es un capricho de la Naturaleza). ;-)



Secuencia que muestra a una ballena jorobada respirando y sumergiéndose de nuevo (fotografías de Jesús Fernández)

Piquero pardo pasando sobre el barco (fotografía de Jesús Fernández)



Ballena jorobada con su ballenato cerca ya de Playa Piñuelas (fotografías de Jesús Fernández)

Playa de las Ventanas

Tijereta de mar o fragata

Islotes con colonias de aves marinas en bahía Uvita

jueves, 13 de diciembre de 2012

Colapso maya (I): ¿sobreexplotación de sus recursos naturales?

El florecimiento y colapso de las civilizaciones es un tema que tradicionalmente ha captado la atención tanto de grandes investigadores como del público general, todos fascinados por la rapidez y magnitud de los cambios acaecidos. El caso particular de la civilización Maya Clásica es uno de los más impresionantes que han tenido lugar en la historia de la Humanidad, y aún no está del todo esclarecido. El colapso de las ciudades mayas del periodo Clásico entre el 790 y el 950 d.C. se ha atribuido a diversas causas: degradación ambiental, cambio climático, desastres naturales, guerras u otras cuestiones políticas. Para estas ciudades mayas el colapso se define como "el cese de actividades arquitectónicas importantes y la casi desaparición de estelas datadas" (Culbert, 1973), a lo que McNeil et al. (2010) añaden el descenso acusado en la población urbana.

En esta entrada trataremos sobre una de las explicaciones más extendidas que se han sugerido para este colapso, la del incremento poblacional que llevó a una deforestación acusada y a importantes procesos erosivos que acabaron empobreciendo los suelos y causando carestía de alimentos. Para ello vamos a comentar los principales resultados del análisis polínico que McNeil et al. (2010, PNAS) llevaron a cabo en una secuencia sedimentaria extraída de una charca próxima a la antigua ciudad maya de Copán, en Honduras.

Uno de los monumentos de Copán, el juego de pelota (Wikimedia Commons)
 Copán se encuentra en la zona periférica suroriental de la región Maya. Algunos mayas se establecieron en esta área durante el siglo II d.C., pero fue en el año 427 d.C. cuando un señor maya llamado K'inich Yax K'uk' Mo' llegó a este valle y se convirtió en su gobernante supremo. El colapso de la ciudad se produjo entre el 810 y el 822 d.C., al tiempo que la población disminuyó de forma muy acusada. Los principales periodos de ocupación en Copán son el Preclásico (1300 a.C.-100 d.C.), el Protoclásico (100-400 d.C.), el Clásico (400-900 d.C.) y el Postclásico (900-1500 d.C.), que es posterior al colapso de muchas ciudades mayas.

A continuación se expone la explicación más comúnmente aceptada hasta la publicación de este artículo. La población aumentó de forma rápida, necesitando más alimentos y madera para contrucción y leñas. Esto trajo consigo una importante deforestación y una reducción de los terrenos de cultivo más fértiles, que habrían sido ocupados por edificios. Para resolver este problema los mayas habrían comenzado a deforestar y cultivar las laderas de las montañas, con los consiguientes procesos erosivos asociados que habrían arruinado los suelos. Hasta aquí todo perfectamente razonable.

Pero ahora es cuando viene lo sorprendente. ¿Cómo puede haber tenido una aceptación tan amplia una explicación basada en una evidencia tan débil? Ahora lo vais a entender. El principal apoyo de esta hipótesis se encontraba en el estudio de un testigo sedimentario procedente de la charca Petapilla, a unos 4,5 km de Copán. El estudio del polen almacenado en los sedimentos del lecho de este charca permite reconstruir la dinámica de la vegetación en su entorno y cómo ha sido la respuesta de ésta ante las actividades desarrolladas por los mayas en los diferentes periodos comentados. Pues bien, el punto débil de esta tesis radica en que la secuencia sedimentaria en la cual se basa comienza alrededor del año 1010 d.C., más de 100 años después del colapso de Copán. ¿Cómo se puede explicar el proceso de colapso de la civilización Maya Clásica con un registro que no abarca dicho periodo? A mí al menos me sorprende, sobre todo sabiendo la "caña" que suelen dar los revisores de artículos científicos cuando intentas publicar un trabajo...

Esta situación llevo a McNeil y sus colaboradores a intentar desvelar los entresijos de este colapso en mayor profundidad, para lo cual extrajeron un testigo de la misma charca Petapilla pero que abarca 3000 años, permitiéndoles discutir de forma más detallada cuál fue el impacto de los mayas sobre el medio en los diferentes periodos considerados. El principal resultado es que varios periodos de deforestación acusada han tenido lugar en los últimos 3000 años, pero ninguno de ellos durante el final del periodo Clásico. Los principales eventos de deforestación tuvieron lugar hace unos 3000 años (periodo Preclásico) cuando se inició el cultivo del maíz (Zea spp.), en la parte final del periodo Protoclásico y al inicio del periodo Clásico, cuando llegó el primer rey maya de Copán y se construyeron muchísimos monumentos que requirieron cantidades ingentes de madera..

Un apoyo muy importante para la interpretación de la cronología de la secuencia analizada fue el hallazgo de un nivel de cenizas volcánicas ("tephra layer") asociado a la erupción del volcán Ilopango, en El Salvador. Los niveles tephra se pueden datar con una gran precisión y además permiten una comparación directa de distintas secuencias, ya que las cenizas se depositaron al mismo tiempo en todas los lagos/turberas de la región. Y es que el tephra Tierra Blanca Joven detectado en Petapilla se encuentra justo en el periodo Clásico, y así permite datar con suma precisión el último proceso acusado de deforestación al inicio del periodo Clásico.

Sin embargo, al final del periodo Clásico se aprecia una recuperación del bosque, que los autores del trabajo vinculan con un aprovechamiento más sostenible de los recursos forestales. Asimismo, parece que la disminución en la superficie cultivable por la expansión urbana pudo ser compensada por el comercio con otras ciudades próximas. La rápida recuperación del bosque coetánea con el colapso de la ciudad sugiere que este proceso fue muy rápido. Por último, ya que la sobreexplotación del medio por parte de los mayas parece descartarse, gana terreno la hipótesis que vincula el colapso maya con cambios climáticos. Los resultados que se presentan en este trabajo no son muy adecuados para discutir el clima pretérito (hablaremos de esto en la siguiente entrada) pero la presencia de niveles de arcillas endurecidos sugieren sequías acusadas al final del periodo Clásico.

martes, 13 de noviembre de 2012

Tejera Negra otoñal 28.10.2012

En esta entrada me gustaría ensalzar las virtudes de la otoñada en un paraje de la sierra de Guadalajara que siempre ha sido muy especial para mí desde pequeño. Y es que estos barrancos siempre sonaron con fuerza en mi cabeza desde que comencé a interesarme por las plantas hace ya unos cuantos años (cómo pasa el tiempo aunque uno siga siendo joven :-P). Efectivamente, los hayedos suelen tener un especial atractivo para el aficionado mediterráneo a la botánica, quizá por reunir algunas de las principales características de los bosques templados centroeuropeos (árboles bastante altos y rectos, ambiente sombrío y húmedo, casi ausencia de vegetación bajo las copas por la escasez de luz...). Además, y esto era lo que más me atraía a mí en un principio, el haya alcanza en la sierra de Ayllón, allá donde se tocan las provincias de Madrid, Segovia y Guadalajara, uno de los límites meridionales de su área de distribución, en concreto el suroccidental. De esta forma los hayedos del Sistema Central suman a su mayor o menor belleza e interés intrínsecos, el fuerte atractivo de lo raro, de lo no es común ni abundante.

Valle del río Lillas con la Buitrera al fondo. Se puede apreciar también cómo las solanas se encuetran cubiertas por el roble melojo mientras el haya domina en las umbrías y en fondo de los valles (siempre que no haya encharcamiento)
 Repasemos entonces brevemente la situación del haya (Fagus sylvatica) en estas montañas. El haya es un árbol de distribución preferentemente centroeuropea que crece en áreas de clima fresco y húmedo donde, y éste es probablemente el factor clave, la sequía estival es muy breve o se ve atenuada por la presencia frecuente de nieblas. Estos requerimientos son los que limitan en gran medida su expansión hacia áreas de clima mediterráneo ya que por lo demás puede crecer sobre un amplia variedad de suelos. De esta forma se trata de un árbol muy frecuente en Europa central, donde forma extensos bosques en zonas de llanura y en las cotas bajas-medias de las montañas, como por ejemplo los Alpes, el Jura o los macizos de Baviera. En la península Ibérica es abundante en la vertiente norte de la cordillera Cantábrica, especialmente en sus sectores central y oriental, en las zonas más occidentales y orientales de los Pirineos y montañas próximas y en la vertiente norte del Sistema Ibérico norte. Se enrarece hacia las vertientes sur de la cordillera Cantábrica y del Sistema Ibérico norte, así como hacia el Pirineo central y por último cuenta con poblaciones muy pequeñas en algunas montañas catalanas (llegando hasta los puertos de Beceite, en el límite entre Cataluña, Aragón y la Comunidad Valenciana) y en el Sistema Central. En el Sistema Central tenemos los hayedos de Montejo de la Sierra (Madrid), el hayedo de la Pedrosa subiendo al puerto de la Quesera (Segovia) y los hayedos de Tejera Negra (Guadalajara). Además hay rodales y ejemplares dispersos en muchas de las cabeceras de los valles de esta zona. Entre ellos, aunque personalmente me parece que todos tienen su encanto, considero que el más bonito e interesante es el del Tejera Negra, que además cuenta con las mayores extensiones de hayedo con diferencia. Sí, es posible que me traicionen en cierto modo "el amor por la camiseta", por mi relación con Guadalajara.

Después de ponernos un poco en contexto, paso a describir sucintamente la excursión que hice en compañía de unas amigas por el hayedo para contemplar su espectacular estampa otoñal. La mañana amaneció bastante fresca, con el termómetro apenas superando los 0ºC en algún tramo en el trayecto hacia Cantalojas. Una vez allí tomamos la pista forestal que conduce a la Recepción del Parque Natural, donde el frío día nos trajo la buena noticia de que podíamos acceder con el coche hasta el hayedo. De lo contrario hay que andar durante unos 10 km por un marojal hasta llegar a las primeras hayas.

Así que continuamos por la pista forestal hasta el aparcamiento, donde comenzamos a andar por el valle del río Lillas. En esta parte inicial se sigue la conocida como senda Carretas, muy bien marcada y que permite una buena aproximación a los ecosistemas y especies que se pueden encontrar en el parque. Tras un tramo por el valle, la senda Carretas comienza a ascender hacia el cordal montañoso que separa los valles del Lillas y el Zarzas. Nosotros continuamos por el río, siguiendo una senda poco marcada que requiere cruzar el río unas cuantas veces para ir progresando hacia algunas de las mejores manifestaciones de hayedo de todo el Parque. En el camino vamos encontrando, engalanados con sus colores otoñales, serbal de cazadores (Sorbus aucuparia), fresno de hoja ancha (Fraxinus excelsior), Prunus avium, roble melojo o marojo (Quercus pyrenaica)..., además de un buen puñado de setas distintas. Desde el fondo del valle, la Buitrera nos muestra una cara ya invernal cubierta por una capa blanquecina de nieve granulada y cencellada. Llegamos finalmente a la base de la Buitrera recorriendo un precioso hayedo con árboles en ocasiones muy viejos y otras muy altos, con algunas chorreras bajando desde la parte alta de la montaña..., y finalmente disfrutamos de las magníficas vistas de los bosquetes en los barrancos desde la cuerda que va de la Buitrera al collado del Hornillo.Una forma de completar el recorrido si se tiene suficiente tiempo y buenas piernas es continuar el ascenso por el curso del Lillas hasta alcanzar el cordal que conduce a la Buitrera (la cual dejaremos a la izquierda), para después ir por el cordal hasta el propio pico y continuar hasta el collado del Cervunal, donde tomaremos el cordal montañoso que separa los dos valles principales y nos llevará hasta el cerro del Hornillo y de allí ya bajamos al aparcamiento. La excursión se puede alargar un poco más bajando por el barranco del Hornillo por un bonito hayedo y de allí por la pista hasta el punto de partida en el aparcamiento.

Serbal de cazadores con su precioso colorido otoñal

De nuevo un serbal de cazadores, esta vez bien surtido de frutos

En la parte alta de la cuenca del río Lillas es posible encontrar algunas hayas de majestuoso porte que sobrevivieron a la explotación del hayedo para obtener carbón

Es fascinante la gruesa capa de hojarasca que suele cubrir el suelo de los hayedos en otoño

Aspecto del hayedo de la parte alta de la cabecera del Lillas

Aunque haciendo de "monitos de feria", así os hacéis una buena idea del tamaño de algunas hayas

Bonita haya con su vestido de otoño

El hayedo en la cabecera del Lillas alberga rincones tan atractivos como éste
 Para terminar la excursión, a la vuelta terminamos el recorrido por la senda Carretas, la cual nos lleva hacia el interior de un bonito aunque joven hayedo formado fundamentalmente por pies de rebrote de cepa, fruto del aprovechamiento que se ha hecho de este monte para leñas y carboneo. El tramo inicial es una subida con una fuerte pendiente, que pone a prueba nuestras piernas. Sin embargo, lo agradable del ambiente la hace bastante llevadera. ¡Además tuvimos la suerte de ver varios corzos en este tramo del sendero!

Es sorprendente la buena regeneración que está experimentando el hayedo en ciertas áreas donde se repobló con pino albar, el cual va ser seguramente desplazado por el haya y otros árboles caducifolios en cuanto llegue la próxima generación. Además se pueden encotrar un sinfín de brinzales de haya en diversos estadios de crecimiento a pesar de lo seco que ha sido este año..., lo cual me hace ser muy optimista respecto a la conservación de este bosque de cara al futuro.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

01-03.09.2012 Grandes puertos cantábricos

Hacía tiempo que quería escribir esta entrada sobre la escapadita que hicimos a principios de septiembre a la cordillera Cantábrica con motivo del paso de la Vuelta a España por aquellos territorios. Fueron unos días que disfruté enormemente en compañía de antiguos amigos durante los cuales tuvimos la suerte de gozar de tiempo soleado, lo cual no siempre ocurre en aquellas tierras.

En su edición de 2012 la Vuelta concentraba varias etapas de montaña seguidas en territorio galaico-astur-leonés así que para allá que nos fuimos con idea de subir con nuestras bicicletas (no muy adecuadas para estas gestas, por ser de montaña...) esos grandes puertos de montaña que acogieron los finales de etapa.

No me detendré excesivamente en comentar las características de los puertos ascendidos, ya que para eso existe una página web en las que se dan útiles, detalladas y fiables descripciones de los mismos. Más bien hablaré de las sensaciones que experimenté durante la ascensión y ciertos aspectos paisajísticos y naturalistas que me parece que pueden resultar de interés.

La historia comienza con el puerto de Ancares, que finalmente ascendimos por su vertiente leonesa, desde el bonito pueblo de Tejedo de Ancares, debido al tremendo caos de tráfico que se organizó con motivo del paso de la Vuelta. Ésta no era nuestra idea inicial, ya que pretendíamos llevar a cabo la escalada por la misma vertiente que los ciclistas, por Murias de Rao y Balouta, pero ya que estábamos pues ¡al turrón! El puerto de Ancares desde Tejedo de Ancares es bastante corto pero con una fortísima pendiente (8 km al 8,8 % de pendiente media, salvando un desnivel de 700 m), con el agravante de que la ascensión realmente tiene lugar en unos 5,5 km en los cuales la pendiente se mantiene en una media del 11-12 % con frecuentes rampas del 15 al 17 %. Nosotros finalmente aparcamos en la ermita de La Magdalena, desde donde se recorren 6,5 km hasta el puerto. Las frías características del puerto se traducen en una fuerte sensación de enfrentamiento a una verdadera pared, ya que el collado que marca la parte más alta del puerto se ve desde el fondo del valle muy cerca pero muy arriba. El puerto es realmente duro y empleamos poco menos de una hora en recorrer esos 6,5 km -aunque con bicicleta de montaña y con un importante peso en la mochila-, pero las vistas durante la ascensión y desde lo alto del puerto son realmente espectaculares. Al inicio la carretera recorre un melojar mientras tortura los ánimos con algunas revueltas que son verdaderos muros, para luego pasar al dominio de los tan extendidos brezales, los verdaderos protagonistas del paisaje vegetal de estas sierras galaico-leonesas. 

Altimetría del puerto de Ancares desde Tejedo de Ancares (www.altimetrias.net)
A la izquierda siempre tendremos vistas sobre el bonito valle glaciar que cierra en su parte superior el cordal montañoso donde el Alto de Cuíña (1992 m) es la montaña más elevada. Es notorio el fuerte contraste existente entre la umbría y la solana de este valle. La primera se halla cubierta por frondosos bosques caducifolios, mientras que la segunda se caracteriza por su paisaje casi por completo deforestado donde los brezales son los protagonistas. En las cabeceras de los barrancos de la parte más alta se pueden observar pequeños bosquetes de abedul, avanzadilla de un bosque que trata de recuperar un terreno que la mano del hombre le hizo perder. A 1670 m de altitud se corona, teniéndose desde ese punto una grandiosa vista del sector lucense. Paisajísticamente destacaría el papel que los abedulares desempeñan en estas montañas como vegetación de límite del bosque en altitud (timberline).

Tras disfrutar de las vistas de cumbre, bajamos hacia A Cruz da Cespedosa, donde concluía la etapa de la vuelta. Son unos 3 km donde se pueden encontrar rampas duras pero que luego a la vuelta nos resultaron hasta fáciles comparadas con los que habíamos subido esa mañana...
Aspecto del valle de Ancares desde el puerto. Importante el contraste entre la solana (izquierda) y la umbría (derecha). En primer término ese puede ver cómo los abedules comienzan a colonizar el brezal.

Abedulares siguiendo los arroyos hacia sus cabeceras rodeados de brezales.

El cartel asusta pero no engaña en absoluto...

Cabecera del valle de Ancares, con el Alto de Cuíña al fondo.

Abedulares en las partes más elevadas de la sierra de Ancares en su vertiente lucense.

En el alto del puerto, tras concluir la ascensión. La altitud del mismo es realmente 1670 m.

Al día siguiente nos vimos en tierras asturianas dispuestos a ascender el que probablemente sea el desde el punto de vista ciclista el puerto más mítico de España: los Lagos de Covadonga. En esta ocasión salimos con la bicicleta desde nuestro hostal situado muy cerca de Cangas de Onís en la carretera que conduce hacia Covadonga, para ir calentando un poco las piernas antes de comenzar el puerto más o menos a la altura de la basílica levantada en honor a la Santina. El tramo inicial es duro pero transcurre por el interior del frondoso monte Auseva y luego por una zona con prados y casas de pastores, lo cual contribuye a hacer más llevadero el esfuerzo. Es muy recomendable realizar a pie el sendero que recorre el monte Auseva (uno de los bosques donde hemos registrado una mayor diversidad de árboles y arbustos en la península Ibérica) hasta la Vega de Orandi, donde el río las Mestas se precipita en el interior de una cueva para luego reaparecer unos kilómetros más abajo.

Del bosque se sale ya cerca de la temible Huesera, un lugar mítico para los aficionados al ciclismo por su dureza. Para mí fue un tramo realmente duro, ya que no sólo se trata de La Huesera en sentido estricto sino que al final esas rampas tan duras se prolongan por aproximadamente dos kilómetros hasta que por fin la ascensión nos da un respiro. La Huesera, al igual que pasaba en el caso de Ancares, tiene una dificultad añadida a la pendiente: el hecho de ver en todo momento lo que te queda para terminar. Esto es probablemente lo que más duro puede resultar al ciclista, ya que nos exige una importante fortaleza psicológica. Después el puerto va encadenando una sucesión de rampas duras, rampas menos duras, descansillos, alguna bajada incluso..., hasta que llegamos al collado sobre el lago Enol, desde donde ya se ve perfectamente este lago y detrás de él los magníficos Picos de Europa. Ya sólo queda bajar al lago Enol y subir otro tramo bastante corto y con una pendiente moderada hasta concluir nuestra ascensión en el lago La Ercina, donde la vista de Picos de Europa es de las que quitan el hipo.
Perfil de la ascensión a los Lagos de Covadonga (www.altimetrias.net)
Vista de Picos de Europa desde el lago La Ercina: todo muy bucólico-pastoril, jeje
El lago Enol, uno de los rincones más populares del Parque Nacional de los Picos de Europa
Para concluir la trilogía de "suicidios colectivos ciclistas" nos enfrentamos a la ascensión al puerto de Pajares desde La Pola de Lena. Aunque este año la Vuelta a España terminó en el Cuitu Negro, nosotros ya nos dimos por satisfechos con llegar hasta Brañillín, a 1480 m de altitud. La vista es siempre maravillosa y se trata de un puerto muy atractivo, pero el hecho de ser una carretera nacional con mucho tráfico hacen poco recomendable su ascensión en condiciones normales. Combina tramos de pendiente suave con rampas bastante duras pero que son bastante llevaderas hasta que se llega al pueblo de Pajares. A partir de allí la dureza va en aumento con frecuentes tramos de pendiente superior al 10 % y una sucesión de rampas durísimas de hasta el 17 % para coronar el puerto de Pajares en sentido estricto. Desde allí, un tramo de descenso en la vertiente leonesa para después desviarnos a la derecha hacia la estación invernal por un carretera ascendente de pendiente moderada. Tras coronar este tramo, llaneamos para alcanzar los edificios de la estación de esquí. 

* En este punto comienza la locura denominada Cuitu negro, unos 3 km con porcentajes demenciales donde seguramente sea más rápido ir andando que pedaleando sobre la bicicleta... (y luego hay dopaje...)
Perfil del puerto de Pajares hasta Brañillín (www.altimetrias.net)
Ya que estuvimos allí, aquí podéis ver el paso del grupo de favoritos de la Vuelta'2012 por el tramo inicial de Cuitu Negro