martes, 29 de enero de 2013

Observación de ballenas en el P.N. Marino Ballena (Costa Rica)

     En la costa del Pacífico costarricense podemos encontrar este interesante parque nacional marítimo-terrestre que comprende la bahía situada en torno a punta Uvita. El principal atractivo de este parque reside en sus poblaciones de cetáceos. Aunque en su parte marítima es posible encontrar diversas especies como por ejemplo los delfines de nariz de botella (Tursinops truncatus) o los comunes (Delphinus delphis), las verdaderas estrellas son las ballenas jorobadas (Megaptera novaeangliae), que tienen en estas aguas una importante área de reproducción. En este periodo, que en principio va de julio a octubre, es altamente recomendable contratar un tour de avistamiento de cetáceos en Uvita o Bahía, donde operan varias empresas especializadas en este tipo de turismo. Se sale de una de las bonitas playas del Parque Nacional (en nuestro caso Playa Piñuela) y se hace un recorrido por la bahía tratando de localizar las ballenas con sus crías. A continuación comento brevemente cómo fue nuestro recorrido.

     Comenzamos saliendo de Playa Piñuela, donde se aparca el coche en la propia playa, dirigiéndonos hacia la espectacular Playa de las Ventanas, donde existen unos impresionantes arcos formados por la erosión marina sobre las rocas de la costa. Durante todo el itinerario pueden verse diversas aves marinas como pelícanos pardos (Pelecanus occidentalis, "brown pelican"), tijeretas de mar (Fregata magnificens, "magnificent frigatebird"), corocoros blancos (Eudocimus albus, "white ibis") y piqueros pardos (Sula leucogaster, "brown booby"). Un punto muy interesante se encuentra en los islotes rocosos de Tres Hermanas, donde estas aves tienen colonias de cría. En todo el recorrido pueden verse las ballenas, en algunos casos bastante cerca, aunque los capitanes de los barcos procuran mantener una cierta distancia para no molestarlas.  Incluso con suerte, como la que tuvimos nosotros, se pueden avistar desde la playa. Es una experiencia realmente increible ver un animal de semejante tamaño, puesto que alcanzan de 12 a 16 m de longitud y hasta 36 t de peso... En días con mar en calma se efectúa además una parada para hacer buceo con tubo en los arrecifes próximos a los islotes Tres Hermanas. Una última curiosidad es que el tómbolo de punta Uvita, que es uno de los elementos geomorfológicos clave del Parque, se asemeja perfectamente a la cola de una ballena cuando se ve desde el aire con marea baja sugiriéndonos quizá un vínculo metafísico entre las ballenas y el medio físico en que se reproducen (aunque finalmente nos decantemos por una explicación más racional y digamos que es un capricho de la Naturaleza). ;-)



Secuencia que muestra a una ballena jorobada respirando y sumergiéndose de nuevo (fotografías de Jesús Fernández)

Piquero pardo pasando sobre el barco (fotografía de Jesús Fernández)



Ballena jorobada con su ballenato cerca ya de Playa Piñuelas (fotografías de Jesús Fernández)

Playa de las Ventanas

Tijereta de mar o fragata

Islotes con colonias de aves marinas en bahía Uvita

jueves, 13 de diciembre de 2012

Colapso maya (I): ¿sobreexplotación de sus recursos naturales?

El florecimiento y colapso de las civilizaciones es un tema que tradicionalmente ha captado la atención tanto de grandes investigadores como del público general, todos fascinados por la rapidez y magnitud de los cambios acaecidos. El caso particular de la civilización Maya Clásica es uno de los más impresionantes que han tenido lugar en la historia de la Humanidad, y aún no está del todo esclarecido. El colapso de las ciudades mayas del periodo Clásico entre el 790 y el 950 d.C. se ha atribuido a diversas causas: degradación ambiental, cambio climático, desastres naturales, guerras u otras cuestiones políticas. Para estas ciudades mayas el colapso se define como "el cese de actividades arquitectónicas importantes y la casi desaparición de estelas datadas" (Culbert, 1973), a lo que McNeil et al. (2010) añaden el descenso acusado en la población urbana.

En esta entrada trataremos sobre una de las explicaciones más extendidas que se han sugerido para este colapso, la del incremento poblacional que llevó a una deforestación acusada y a importantes procesos erosivos que acabaron empobreciendo los suelos y causando carestía de alimentos. Para ello vamos a comentar los principales resultados del análisis polínico que McNeil et al. (2010, PNAS) llevaron a cabo en una secuencia sedimentaria extraída de una charca próxima a la antigua ciudad maya de Copán, en Honduras.

Uno de los monumentos de Copán, el juego de pelota (Wikimedia Commons)
 Copán se encuentra en la zona periférica suroriental de la región Maya. Algunos mayas se establecieron en esta área durante el siglo II d.C., pero fue en el año 427 d.C. cuando un señor maya llamado K'inich Yax K'uk' Mo' llegó a este valle y se convirtió en su gobernante supremo. El colapso de la ciudad se produjo entre el 810 y el 822 d.C., al tiempo que la población disminuyó de forma muy acusada. Los principales periodos de ocupación en Copán son el Preclásico (1300 a.C.-100 d.C.), el Protoclásico (100-400 d.C.), el Clásico (400-900 d.C.) y el Postclásico (900-1500 d.C.), que es posterior al colapso de muchas ciudades mayas.

A continuación se expone la explicación más comúnmente aceptada hasta la publicación de este artículo. La población aumentó de forma rápida, necesitando más alimentos y madera para contrucción y leñas. Esto trajo consigo una importante deforestación y una reducción de los terrenos de cultivo más fértiles, que habrían sido ocupados por edificios. Para resolver este problema los mayas habrían comenzado a deforestar y cultivar las laderas de las montañas, con los consiguientes procesos erosivos asociados que habrían arruinado los suelos. Hasta aquí todo perfectamente razonable.

Pero ahora es cuando viene lo sorprendente. ¿Cómo puede haber tenido una aceptación tan amplia una explicación basada en una evidencia tan débil? Ahora lo vais a entender. El principal apoyo de esta hipótesis se encontraba en el estudio de un testigo sedimentario procedente de la charca Petapilla, a unos 4,5 km de Copán. El estudio del polen almacenado en los sedimentos del lecho de este charca permite reconstruir la dinámica de la vegetación en su entorno y cómo ha sido la respuesta de ésta ante las actividades desarrolladas por los mayas en los diferentes periodos comentados. Pues bien, el punto débil de esta tesis radica en que la secuencia sedimentaria en la cual se basa comienza alrededor del año 1010 d.C., más de 100 años después del colapso de Copán. ¿Cómo se puede explicar el proceso de colapso de la civilización Maya Clásica con un registro que no abarca dicho periodo? A mí al menos me sorprende, sobre todo sabiendo la "caña" que suelen dar los revisores de artículos científicos cuando intentas publicar un trabajo...

Esta situación llevo a McNeil y sus colaboradores a intentar desvelar los entresijos de este colapso en mayor profundidad, para lo cual extrajeron un testigo de la misma charca Petapilla pero que abarca 3000 años, permitiéndoles discutir de forma más detallada cuál fue el impacto de los mayas sobre el medio en los diferentes periodos considerados. El principal resultado es que varios periodos de deforestación acusada han tenido lugar en los últimos 3000 años, pero ninguno de ellos durante el final del periodo Clásico. Los principales eventos de deforestación tuvieron lugar hace unos 3000 años (periodo Preclásico) cuando se inició el cultivo del maíz (Zea spp.), en la parte final del periodo Protoclásico y al inicio del periodo Clásico, cuando llegó el primer rey maya de Copán y se construyeron muchísimos monumentos que requirieron cantidades ingentes de madera..

Un apoyo muy importante para la interpretación de la cronología de la secuencia analizada fue el hallazgo de un nivel de cenizas volcánicas ("tephra layer") asociado a la erupción del volcán Ilopango, en El Salvador. Los niveles tephra se pueden datar con una gran precisión y además permiten una comparación directa de distintas secuencias, ya que las cenizas se depositaron al mismo tiempo en todas los lagos/turberas de la región. Y es que el tephra Tierra Blanca Joven detectado en Petapilla se encuentra justo en el periodo Clásico, y así permite datar con suma precisión el último proceso acusado de deforestación al inicio del periodo Clásico.

Sin embargo, al final del periodo Clásico se aprecia una recuperación del bosque, que los autores del trabajo vinculan con un aprovechamiento más sostenible de los recursos forestales. Asimismo, parece que la disminución en la superficie cultivable por la expansión urbana pudo ser compensada por el comercio con otras ciudades próximas. La rápida recuperación del bosque coetánea con el colapso de la ciudad sugiere que este proceso fue muy rápido. Por último, ya que la sobreexplotación del medio por parte de los mayas parece descartarse, gana terreno la hipótesis que vincula el colapso maya con cambios climáticos. Los resultados que se presentan en este trabajo no son muy adecuados para discutir el clima pretérito (hablaremos de esto en la siguiente entrada) pero la presencia de niveles de arcillas endurecidos sugieren sequías acusadas al final del periodo Clásico.

martes, 13 de noviembre de 2012

Tejera Negra otoñal 28.10.2012

En esta entrada me gustaría ensalzar las virtudes de la otoñada en un paraje de la sierra de Guadalajara que siempre ha sido muy especial para mí desde pequeño. Y es que estos barrancos siempre sonaron con fuerza en mi cabeza desde que comencé a interesarme por las plantas hace ya unos cuantos años (cómo pasa el tiempo aunque uno siga siendo joven :-P). Efectivamente, los hayedos suelen tener un especial atractivo para el aficionado mediterráneo a la botánica, quizá por reunir algunas de las principales características de los bosques templados centroeuropeos (árboles bastante altos y rectos, ambiente sombrío y húmedo, casi ausencia de vegetación bajo las copas por la escasez de luz...). Además, y esto era lo que más me atraía a mí en un principio, el haya alcanza en la sierra de Ayllón, allá donde se tocan las provincias de Madrid, Segovia y Guadalajara, uno de los límites meridionales de su área de distribución, en concreto el suroccidental. De esta forma los hayedos del Sistema Central suman a su mayor o menor belleza e interés intrínsecos, el fuerte atractivo de lo raro, de lo no es común ni abundante.

Valle del río Lillas con la Buitrera al fondo. Se puede apreciar también cómo las solanas se encuetran cubiertas por el roble melojo mientras el haya domina en las umbrías y en fondo de los valles (siempre que no haya encharcamiento)
 Repasemos entonces brevemente la situación del haya (Fagus sylvatica) en estas montañas. El haya es un árbol de distribución preferentemente centroeuropea que crece en áreas de clima fresco y húmedo donde, y éste es probablemente el factor clave, la sequía estival es muy breve o se ve atenuada por la presencia frecuente de nieblas. Estos requerimientos son los que limitan en gran medida su expansión hacia áreas de clima mediterráneo ya que por lo demás puede crecer sobre un amplia variedad de suelos. De esta forma se trata de un árbol muy frecuente en Europa central, donde forma extensos bosques en zonas de llanura y en las cotas bajas-medias de las montañas, como por ejemplo los Alpes, el Jura o los macizos de Baviera. En la península Ibérica es abundante en la vertiente norte de la cordillera Cantábrica, especialmente en sus sectores central y oriental, en las zonas más occidentales y orientales de los Pirineos y montañas próximas y en la vertiente norte del Sistema Ibérico norte. Se enrarece hacia las vertientes sur de la cordillera Cantábrica y del Sistema Ibérico norte, así como hacia el Pirineo central y por último cuenta con poblaciones muy pequeñas en algunas montañas catalanas (llegando hasta los puertos de Beceite, en el límite entre Cataluña, Aragón y la Comunidad Valenciana) y en el Sistema Central. En el Sistema Central tenemos los hayedos de Montejo de la Sierra (Madrid), el hayedo de la Pedrosa subiendo al puerto de la Quesera (Segovia) y los hayedos de Tejera Negra (Guadalajara). Además hay rodales y ejemplares dispersos en muchas de las cabeceras de los valles de esta zona. Entre ellos, aunque personalmente me parece que todos tienen su encanto, considero que el más bonito e interesante es el del Tejera Negra, que además cuenta con las mayores extensiones de hayedo con diferencia. Sí, es posible que me traicionen en cierto modo "el amor por la camiseta", por mi relación con Guadalajara.

Después de ponernos un poco en contexto, paso a describir sucintamente la excursión que hice en compañía de unas amigas por el hayedo para contemplar su espectacular estampa otoñal. La mañana amaneció bastante fresca, con el termómetro apenas superando los 0ºC en algún tramo en el trayecto hacia Cantalojas. Una vez allí tomamos la pista forestal que conduce a la Recepción del Parque Natural, donde el frío día nos trajo la buena noticia de que podíamos acceder con el coche hasta el hayedo. De lo contrario hay que andar durante unos 10 km por un marojal hasta llegar a las primeras hayas.

Así que continuamos por la pista forestal hasta el aparcamiento, donde comenzamos a andar por el valle del río Lillas. En esta parte inicial se sigue la conocida como senda Carretas, muy bien marcada y que permite una buena aproximación a los ecosistemas y especies que se pueden encontrar en el parque. Tras un tramo por el valle, la senda Carretas comienza a ascender hacia el cordal montañoso que separa los valles del Lillas y el Zarzas. Nosotros continuamos por el río, siguiendo una senda poco marcada que requiere cruzar el río unas cuantas veces para ir progresando hacia algunas de las mejores manifestaciones de hayedo de todo el Parque. En el camino vamos encontrando, engalanados con sus colores otoñales, serbal de cazadores (Sorbus aucuparia), fresno de hoja ancha (Fraxinus excelsior), Prunus avium, roble melojo o marojo (Quercus pyrenaica)..., además de un buen puñado de setas distintas. Desde el fondo del valle, la Buitrera nos muestra una cara ya invernal cubierta por una capa blanquecina de nieve granulada y cencellada. Llegamos finalmente a la base de la Buitrera recorriendo un precioso hayedo con árboles en ocasiones muy viejos y otras muy altos, con algunas chorreras bajando desde la parte alta de la montaña..., y finalmente disfrutamos de las magníficas vistas de los bosquetes en los barrancos desde la cuerda que va de la Buitrera al collado del Hornillo.Una forma de completar el recorrido si se tiene suficiente tiempo y buenas piernas es continuar el ascenso por el curso del Lillas hasta alcanzar el cordal que conduce a la Buitrera (la cual dejaremos a la izquierda), para después ir por el cordal hasta el propio pico y continuar hasta el collado del Cervunal, donde tomaremos el cordal montañoso que separa los dos valles principales y nos llevará hasta el cerro del Hornillo y de allí ya bajamos al aparcamiento. La excursión se puede alargar un poco más bajando por el barranco del Hornillo por un bonito hayedo y de allí por la pista hasta el punto de partida en el aparcamiento.

Serbal de cazadores con su precioso colorido otoñal

De nuevo un serbal de cazadores, esta vez bien surtido de frutos

En la parte alta de la cuenca del río Lillas es posible encontrar algunas hayas de majestuoso porte que sobrevivieron a la explotación del hayedo para obtener carbón

Es fascinante la gruesa capa de hojarasca que suele cubrir el suelo de los hayedos en otoño

Aspecto del hayedo de la parte alta de la cabecera del Lillas

Aunque haciendo de "monitos de feria", así os hacéis una buena idea del tamaño de algunas hayas

Bonita haya con su vestido de otoño

El hayedo en la cabecera del Lillas alberga rincones tan atractivos como éste
 Para terminar la excursión, a la vuelta terminamos el recorrido por la senda Carretas, la cual nos lleva hacia el interior de un bonito aunque joven hayedo formado fundamentalmente por pies de rebrote de cepa, fruto del aprovechamiento que se ha hecho de este monte para leñas y carboneo. El tramo inicial es una subida con una fuerte pendiente, que pone a prueba nuestras piernas. Sin embargo, lo agradable del ambiente la hace bastante llevadera. ¡Además tuvimos la suerte de ver varios corzos en este tramo del sendero!

Es sorprendente la buena regeneración que está experimentando el hayedo en ciertas áreas donde se repobló con pino albar, el cual va ser seguramente desplazado por el haya y otros árboles caducifolios en cuanto llegue la próxima generación. Además se pueden encotrar un sinfín de brinzales de haya en diversos estadios de crecimiento a pesar de lo seco que ha sido este año..., lo cual me hace ser muy optimista respecto a la conservación de este bosque de cara al futuro.