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domingo, 21 de octubre de 2012

Volcán Irazú (3.432 m)

Después de llegar a San José tras un largo vuelo transoceánico de unas 11 horas desde Madrid, visitamos durante el primer día y medio la capital tica, disfrutando de una serie de rincones muy agradables que hacen a la ciudad merecedora de una visita. A mí me gustaron especialmente el parque España y la antigua Fábrica Nacional de Licores además del Museo del Oro Precolombino, que está localizado en la sede del Banco Central.

Al segundo día después de nuestra llegada fuimos al Volcán Irazú, el más alto del país con 3.432 m de altitud. Existen varias montañas que son más elevadas en Costa Rica como por ejemplo el cerro Chirripó (3.820 m), el cerro de la Muerte (3.451 m) o el cerro Kamuk (3.549 m), todas ellas en la cordillera de Talamanca, pero su origen no es volcánico. El área más elevada del Irazú fue declarada parque nacional en el año 1955 y comprende una superficie de 2.000 ha. Se trata de un volcán muy activo que ha tenido varias erupciones a lo largo de los últimos siglos y ha causado importantes daños en las poblaciones situadas en sus faldas. Por contra, las cenizas de este volcán son ricas en nutrientes y dan lugar a suelos muy fértiles, lo cual ha favorecido una intensa deforestación en las laderas de este volcán hasta cotas muy elevadas.

Desde San José se llega a la zona del cráter en una hora aproximadamente. En septiembre de 2.012 la carretera se encontraba por completo asfaltada y en buenas condiciones. Desde Cartago comienza la ascensión a este coloso por una carretera que salva un desnivel de unos 2.000 m -así que os podéis imaginar la pendiente de la carretera en cuestión-. En días despejados se supone que se pueden ver el mar Caribe y el océano Pacífico desde la magnífica atalaya que representa la cumbre.Nosotros nos encontramos con una densa niebla a la que pronto se sumó una fina pero intensa y persistente lluvia que nos impidió tener unas bonitas vistas del paraje. Aún así, pudimos intuir la magnificencia del Cráter Principal, recorrer la inmensa caldera llamada Playa Hermosa y maravillarnos con un puñado de plantas en flor muy bonitas e interesantes. En la zonas altas del volcán son especialmente abundantes diversas especies de Ericáceas como Vaccinium consanguineum o Pernettya prostrata, Castilleja irasuensis, Monochaetum amabile, Gunnera insignis (conocida como sombrilla o paraguas de pobre por sus inmensas hojas) y Coriaria ruscifolia entre otras muchas.

Ya en la bajada se puede disfrutar de muy buenas vistas de las estribaciones de la cordillera de Talamanca sobre la ciudad de Cartago, con sus extensos y magníficos bosques. Además, es totalmente recomendable para la hora de la comida tomar una sopa "pozol", especialmente si el día ha sido un poco fresco y húmedo, algo que no debe ser raro en el Irazú.


Entrada a la zona de los cráteres del Irazú

Sí, ahí debajo está el cráter principal, aunque no lo parezca...

Aspecto de la vegetación de Playa Hermosa, la caldera que rodea los dos cráteres recientes de mayor tamaño
Castilleja irasuensis, un endemismo costarricense

Aspecto del Cráter Principal. La laguna que ocupa su fondo puede intuirse tras la espesa niebla. En primer término destacan las grandes hojas de Gunnera insignis, que le han valido el nombre coloquial de "sombrilla de pobre"

Eryngium carlinae, bonito pariente del "cardo corredor" hispano

Vista hacia el Cráter Diego de la Haya

Pernettya prostrata, una de las especies de la familia Ericaceae presentes en las zonas más altas de las montañas centroamericanas. Obsérvese la gran similitud de sus flores con las de la gayuba o el madroño europeos, de la misma familia
Así es la vegetación de la zona cacuminal
Monochaetum amabile, una Melastomataceae de bella floración típica de las zonas altas de las montañas ticas
Impresionante floración de Monochaetum amabile, fotografiada a unos 2.800 m de altitud

Cartago y las estribaciones de la cordillera de Talamanca

Aspecto de la cordillera de Talamanca desde las laderas del Irazú con sus extensos bosques y las casi perpetuas nubes




sábado, 2 de junio de 2012

Paleoflora y paleovegetación de la península Ibérica e Islas Baleares, una obra de referencia

Ve la luz una monumental obra que seguramente resultará de enorme interés para los amantes de la vegetación ibérica. En su redacción hemos participado un nutrido grupo de paleobotánicos coordinados desde la Univesidad de Murcia por el profesor Pepe Carrión. El resultado es una obra donde podréis encontrar de forma totalmente gratuita la mayor parte de la información disponible sobre la flora y la vegetación de la península Ibérica y las islas Baleares durante los últimos millones de años. Para su consulta podéis entrar en el siguiente enlace y navegar en la página de contenidos por las diferentes regiones españolas y portuguesas. Allí una serie de fichas de sencilla estructura os permitirán bucear en el pasado de los paisajes ibéricos y entender por qué en la actualidad muestran el aspecto que podemos contemplar. Porque, como se suele decir, "el pasado es la clave para entender el presente (y a menudo también el futuro)".



De este modo, podréis maravillaros ante la presencia de coníferas como secuoyas (Sequoia, Sequioadendron) en Cantabria hace no demasiado tiempo (en términos geológicos, claro ;-)), ver cómo y dónde sobrevivieron los árboles durante la Edad del Hielo (las glaciaciones cuaternarias), cómo fueron los paisajes que contemplaron los quehaceres cotidianos de nuestros ancentros durante el Paleolítico, cómo respondieron las plantas ante la mejoría climática que siguió al último máximo glaciar (hace unos 21000 años) o cuáles han sido las alteraciones producidas por el paso de las diferentes culturas sobre nuestra cubierta vegetal.

¡Seguro que disfrutáis un montón con esta obra! Aunque desde luego que no es una novela... :-)

viernes, 25 de mayo de 2012

Por la sierra de la Puebla (Madrid)

La agradable y muy recomendable ruta que voy a describir a continuación la hicimos durante los primeros días de mayo, tras unos días de frío intenso que retrasaron de forma significativa la floración en estas montañas del centro peninsular. Esto nos permitió disfrutar de las hermosas flores de los narcisos y otras especies plantas de floración temprana, como veremos a continuación.

El objetivo de nuestro recorrido era ascender las principales cumbres de esta pequeña sierra a caballo entre las provincias de Guadalajara y Madrid donde aún es posible realizar recorridos de montaña en plena naturaleza con una afluencia relativamente limitada de público. Desgajada de las principales elevaciones de la sierra de Ayllón como el pico del Lobo, la Cebollera Vieja, el Cerrón o La Buitrera y aproximadamente a la misma latitud que el Ocejón, la sierra de la Puebla ofrece unas vistas impresionantes tanto de esas cumbres como de las algo más lejanas de la sierra de Guadarrama e incluso de la Campiña del Henares y la Alcarria.

Dejamos el coche en el km 29 de la carretera que une Prádena del Rincón con Puebla de la Sierra, frente a una pista forestal que nos conduce a través de un pinar de repoblación (Pinus sylvestris) hacia el Collado Salinero. Allí se toma el GR-10, que subiendo por el cordal nos conduce en poco tiempo a la cumbre del Porrejón (1827 m). Ya desde este vértice geodésico se pueden divisar todos los accidentes geográficos que mencionaba anteriormente, así como los profundos valles de la vertiente guadalajareña.


Vistas desde el alto del Porrejón (1.827 m)

Nosotros en la cumbre del Porrejón
En esta zona alta de la sierra pudimos ver varias plantas en flor, fundamentalmente narcisos (Narcissus triandrus subsp. pallidulus, Narcissus rupicola) y Armeria caespitosa, especie exclusiva del sector central y oriental del Sistema Central.

Armeria caespitosa

Bonito escarabajo muy abundante en el cordal.

Narcissus rupicola
Desde el Porrejón se continúa descendiendo por el cordal hasta el Collado de las Palomas, desde donde se continúa en ligero ascenso por el cordal que conduce a La Tornera, el pico más elevado de esta sierra. Antes de llegar a la cumbre, en unos canchales de la vertiente de Guadalajara, pudimos ver magníficos y vetustos ejemplares de roble albar (Quercus petraea) dispersos aquí y allá sobre un manto continuo de gayuba (Arctostaphylos uva-ursi) en flor. Bajo esta zona, inmensas superficies aterrazadas donde las repoblaciones forestales tuvieron un éxito desigual. No voy a opinar sobre si estas tareas fueron adecuadas o no, porque las decisiones hay que juzgarlas en el contexto en que se producen, pero lo que sí es cierto es que el impacto del aterrazamiento sobre la geomorfología de las laderas es realmente salvaje y de difícil solución. Después de visitar estos "ancianos venerables" ya subimos a la cumbre de La Tornera (1866 m), donde continuamos disfrutando de amplios horizontes.

Amiguetes con la cumbre de La Tornera al fondo
A la izquierda de La Tornera el canchal donde estaban los grandes y vetustos robles
Gayuba (Arctostaphylos uva-ursi) en floración

Laderas de La Tornera hacia Puebla de la Sierra. Melojares y repoblaciones de pino que están siendo "engullidas" por la pujanza de los robles melojos.
Pues eso, que aquí hay un mirador muy recomendable.
Cumbre de La Tornera (1866 m)
El descenso lo hicimos por la vertiente de Puebla de la Sierra, por Cabeza Minga, hasta alcanzar una pista forestal que seguimos hacia el norte siguiendo más o menos a la misma altitud hasta la carretera que asciende desde el la Puebla hacia el puerto homónimo. En todo este tramo se atraviesa un pinar de repoblación donde existe un pujante regenerado de marojo (Quercus pyrenaica) a partir de árboles viejos ahuecados que se respetaron en las tareas de repoblación y que actualmente se pueden observar intercalados entre los pinos albares. En algunas zonas ya se ha comenzado a aclarar el pinar, lo cual sin duda repercutirá de forma muy positiva en la recuperación de la cubierta forestal original, al liberar de competencia a los robles.

El último tramo se hace un poco pesado, ya que recorrimos unos kilómetros de carretera hasta llegar al coche, cruzando por el puerto. En este punto existe un mirador desde el cual se tienen unas vistas muy buenas de toda la comarca. Al final, unos 25 km de recorrido con 1000 m de desnivel en ascenso que nos supusieron un buen entrenamiento de cara a futuras marchas que teníamos en el mes de mayo como los 101 km de Ronda o los 10.000 del Soplao. :-) A continuación, el track de GPS cortesía de Ignacio.


sábado, 5 de mayo de 2012

Travesía por el Rif marroquí (y III): de Azilane a la presa de Akchour

Nuestro último día de ruta por las montañas rifeñas comenzó siguiendo el mismo recorrido itinerario que nos condujo la tarde anterior desde Azilane hasta el morabito de Sidi Meftah, dejando a la derecha el pequeño aduar de Afeska. Sin embargo, cuando se llega al gran olivo situado sobre una pequeña loma calcárea, en vez de continuar por el camino a nivel que conduce al morabito, se baja hacia un vallejo por cuyo fondo fluye un arroyo que finalmente se encamina hacia el norte. El camino transcurre durante todo este tramo por la margen izquierda del arroyo, donde desde unos 1.100 m de altitud se pueden encontrar buenos ejemplares de loro (Prunus lusitanica subsp. lusitanica). Este árbol relicto de los bosques tipo laurisilva que cubrieron la cuenca mediterránea durante el Terciario (hace decenas de millones de años) cuenta con unas poblaciones bastante buenas en los barrancos que descienden desde las montañas del Rif hacia el Mediterráneo. El área de distribución se completa con las poblaciones situadas en la península Ibérica (fundamentalmente Portugal y el algunas gargantas del centro-oeste de España) y el suroeste francés. Se trata de una planta catalogada como vulnerable en la España peninsular, sin embargo en la laurisilva canaria es muy frecuente la subsp. hixa, que alcanza dimensiones realmente extraordinarias.


La vegetación que cubre estas laderas se encuentra formada por un matorral mediterráneo relativamente termófilo (que prefiere climas "templaditos") con jaras (Cistus albidus), romeros (Rosmarinus officinalis), bojes (Buxus balearica), tojos (Ulex sp.)..., y algunas encinas y pinos resineros salpicados.


Justo antes de llegar a la aldea de Imizzar, donde ya existe suministro eléctrico a diferencia de Azilane y Afeska, nos encontramos con el Oued Farda y comenzamos a percibir de forma aún más manifiesta la importancia y repercusión ambiental que tiene el cultivo del kif o marihuana en la cultura rifeña. Y es que en ese punto es cuando comenzamos a apreciar importantes superficies deforestadas para cultivar esta planta. La sola visión de las laderas de fortísima pendiente tan características del Rif completamente deforestadas y expuestas a la acción de la erosión me puso la piel de gallina. Y eso que en esta parte media-alta del valle aún se respetaban algunos ejemplares de pino resinero, testigos mudos del declive de sus sociedades, víctimas de uno de sus principales pilares económicos del Rif marroquí: la producción de kif.

Comenzando la bajada por un arroyo afluente del Oued Farda hacia Imizzar.
Loro, pero no el pájaro... =P (Prunus lusitanica)
Buxus balearica
Lechetrezna de gran porte (Euphorbia characias)





Plántulas de marihuana o kif (Cannabis sativa) mezcladas con habas en Imizzar.

Laderas deforestadas con algunos pinos resineros supervivientes cerca de Imizzar.
Llegamos al encuentro del río Farda, laderas deforestadas para el cultivo del kif
Se deja a la derecha la pequeña aldea de Imizzar, pasando entre campos de cultivo, una especie de morabito donde encontramos una mancha de vegetación mediterránea extraordinariamente bien conservada, con ejemplares enormes de Phillyrea latifolia entre otras cosas. Bajo unas imponentes paredes calizas, se cruza a la margen derecha del Oued Farda por una pasarela de reciente construcción. En este punto, el matorral-carrascal se va enriqueciendo con árboles y arbustos propios de las zonas más cálidas del Mediterráneo occidental como el algarrobo (Ceratonia siliqua), el lentisco (Pistacia lentiscus), el palmito (Chamaerops humilis) o el araar (Tetraclinis articulata).


Paisajísticamente la hoz del río Farda es un corte en la corteza terrestre por donde circulan las aguas bravas de este río describiendo meandros bajo las altivas paredes que él mismo ha ido generando a lo largo de miles o millones de años de erosión fluvial. Todo ello cubierto por una exuberante vegetación mediterránea que se aferra a las rocas casi verticales de forma inverosímil y siempre bajo la atenta mirada de las cumbres del parque de Talassemtane, cubiertas de esos pinsapos de silueta negruzca.

Recuerdos ibéricos: ¿no se parecen bastante estas rocas a las del Torcal de Antequera?

Farallones calizos de unos 80-100 m de altura aguas abajo de Imizzar.
Mancha de vegetación mediterránea en buen estado de conservación en el valle del Oued Farda.
Lentisco (Pistacia lentiscus) en plena floración.
Nuestro camino continúa por un paisaje cultural muy bonito, con multitud de parcelas de pequeñas dimensiones, buena parte de ellas delimitadas por paredes de piedra, labradas para cultivar. He de recalcar nuevamente que me sorprendió mucho la escasez de cultivos de cereales, a diferencia de lo que he visto en otras zonas de Marruecos, como el Alto Atlas o el tramo de Casablanca a Marrakesh. Por un barranco lateral iniciamos el descenso hacia el río Farda, al conocido como "Pont Farda" en francés, un puente de construcción bastante antigua situado en un enclave privilegiado. Allí en el río había importantes ejemplares de loro (Prunus lusitanica), laurel (Laurus nobilis) y madroño (Arbutus unedo), entre otros.

Pont Farda
Deforestación activa en las laderas próximas a Pont Farda. En ocasiones vimos superficies que eran quemadas, después retiraban los restos de la combustión, y por último se destoconaban los árboles y arbustos que quedaban para evitar el rebrote. A continuación parece que retiran las piedras de mayor tamaño y las apilan para constituir bancales que permitan el cultivo de estas laderas de fuerte pendiente y frenen en cierta medida la erosión. A menudo esas paredes no existían y los procesos erosivos eran muy acusados.
Flor de jaguarzo blanco (Cistus albidus).
Deforestación en pleno Parque Nacional. Fijaos en la pendiente que se alcanza.
Tras tomar un aperitivito, continuamos por el sendero que asciende hasta situarse a media ladera en la margen izquierda de Oued Farda y discurre entre campos de cultivo y manchas de vegetación mediterránea donde ya es posible encontrar más frecuentemente el araar (Tetraclinis articulata). Las vistas del profundo barranco por el que circula el río Farda son realmente para quitar el hipo. Así, subiendo y bajando pero siempre manteniendo más o menos la misma altitud media, llegamos a los alrededores de una nueva aldea, de mayor tamaño que las que habíamos pasado hasta entonces y que me parece que se llama Ouslaf, aunque no estoy muy seguro de esta información (Iván, help me please!!). Desde aquí se baja por un profundo barranco hacia el conocido Puente de Dios (Al Qantara de Rabí), un puente sobre el río Farda generado por la erosión y que constituye uno de los principales reclamos turísticos de esta comarca, como comprobamos al llegar al mismo, donde había un numeroso grupo de turistas marroquíes y algunos españoles. El entorno es increible, con grandes paredes y una vegetación mediterránea bastante densa. Allí encontramos una planta que me resultó sensacional: Viola arborescens, una violeta que forma matas leñosas más o menos grandes entre el matorral.


Sin embargo, en nuestro descenso hacia este enclave experimentamos una sensación de profunda tristeza y sobrecogimiento cuando vimos subir por esa fortísima pendiente a un grupo de chicas cargadas con enormes fardos de forraje a la espalda para alimentar al ganado. Es tremendo que el hecho de nacer unos kilómetros al norte o al sur condicione tan fuertemente la vida que puede llevar una persona. Aparte queda el hecho de que casi nos descalabran unas niñas que nos tiraron unas piedras cuando bajábamos hacia el Puente de Dios por el barranco. Vimos estupefactos cómo las pequeñas piedras pasaron como misiles a nuestro lado, afortunadamente sin herir a nadie en su recorrido.

Las profundas gargantas del río Farda en la zona más próxima al Puente de Dios.
Viola arborescens
Bonita aldea rifeña: ¿Ouslaf?
Felices sobre el Puente de Dios

El Puente de Dios y su entorno. La altura del puente de roca sobre el río da vértigo.
Ya desde el Puente de Dios marchamos por un camino muy bien marcado y arreglado hacia la presa de Akchour, fin de nuestra travesía, donde cogimos un taxi que nos condujo a Tetouan, después de una ardua negociación que no fuimos capaces de mover de su sitio (algo de timo nos debieron de meter, aunque según la opinión de algunos conocidos de Tetouan, no demasiado importante). Allí cenamos y pasamos la noche en el hotel Marina, que no es nada del otro mundo pero es bastante barato, cogiendo a la mañana siguiente otro taxi hasta la frontera con Ceuta (Sebta en los carteles indicadores marroquíes). En Ceuta, fuimos directamente al puerto a coger el ferry que nos conduciría de vuelta a la Península, con la felicidad de haber disfrutado de unos días estupendos en el país vecino en una compañía inmejorable (¡gracias Iván, Lau y Dani!) y ya pensando en futuros viajes y nuevas aventuras.
 
Cruzando el Estrecho, con el peñón de Gibraltar al fondo. Para terminar el viaje de manera inmejorable, pudimos disfrutar del avistamiento de delfines en estas aguas. :-)

sábado, 14 de abril de 2012

Travesía por el Rif marroquí I: Madrid-Chefchaouen-Azilane

Hacía ya unos tres años que no visitábamos Marruecos y teníamos muchas ganas de repetir la experiencia. Así que cuando comenzamos a plantear ideas para la Semana Santa, una de las opciones que sonó con más fuerza fue la de llevar a cabo una travesía de tres días por el Parque Nacional de Talassemtane, en las inmediaciones de Chefchaouen. Animados por la experiencia previa de Iván, que ya había realizado esta ruta en su variante completa hasta el mar, no nos hizo falta mucha motivación adicional para tomar rumbo hacia nuestro país vecino aprovechando los días de vacaciones.

 Antes de comenzar con el relato de nuestro reciente viaje, me gustaría hacer algunas consideraciones sobre el mismo y sus preparativos. En primer lugar, nos resultó muy difícil conseguir cartografía de esta zona de Marruecos, siendo los mapas de mayor detalle que conseguimos unos a escala 1:50.000 elaborados por el Ejército Español cuando el norte de Marruecos fue protectorado español. Existe también un libro de excursiones por el P.N. Talassemtane que es muy recomendable para moverse por este espacio protegido (http://www.libreriadesnivel.com/libros/senderismo-y-naturaleza-en-el-parque-nacional-de-talassemtane/9788461471157/). En esta web se pueden encontrar también otras rutas que pueden ser de bastante interés si se decide visitar este Parque marroquí. Todo esto constituye una gran diferencia respecto a otras áreas de montaña que hemos visitado en ocasiones anteriores, como los macizos del Toubkal y el M'Goum, de los cuales se pueden encontrar cartografía y descripciones precisas de las diferentes ascensiones que se pueden acometer. Yo diría que es bastante recomendable contratar un guía local, el cual nos permitirá profundizar en el conocimiento de este territorio y además no es caro. Además, a pesar de los avances que se observan en Marruecos en los últimos tiempos, sigue siendo imprescindible llevar medicamentos antidiarreicos, para que un pequeño desarreglo gastro-intestinal no arruine nuestra estancia.

Con todas estas premisas, partimos el miércoles temprano camino de Algeciras en coche. Se lleva un buen número de horas alcanzar el puerto de esta ciudad gaditana, donde dejamos nuestro vehículo aparcado y tomamos el ferry con destino a Ceuta. En una hora aproximadamente y con un coste aproximado de 35 € (i/v) el barco nos transporta hacia África cruzando el estrecho de Gibraltar. Una vez en el puerto de Ceuta, el autobús L7 es el que conduce hacia el puesto fronterizo de Los Tarajales/Bab Sebta, donde pasaremos el control de pasaportes. Hay que rellenar un sencillo formulario con los datos personales. No es necesaria ningún tipo de ayuda para llevar a cabo esta tarea, aunque siempre haya bastantes personas intentando conseguir unos dirham mediante su colaboración para rellenar el papel. Cuando logramos alcanzar finalmente el lado marroquí, nos dirigimos hacia Tetouan, donde contratamos un Grand Taxi en la estación de autobuses para llegar a Chefchaouen. Son unos 65-70 km que se recorren en aproximadamente una hora y que constituyen una seria amenaza para nuestro corazón: conducción a toda velocidad por una carretera repleta de curvas, con camiones, burros, perros y demás elementos cruzando la vía, adelantamientos suicidas, boquetes enormes en la calzada..., y todo en un coche con unos 30 años de edad sino más y sin cinturones de seguridad. El coste del taxi, con capacidad para 6 personas, fue de 180 dh, más 20 de propina. Chaouen es una ciudad preciosa repleta de empinadas callejuelas pobladas por arcos y fuentes delimitadas por casas encaladas con tonos azulados y rejas negras, con sus tiendas de todo tipo de productos y la animación propia de las ciudades y pueblos marroquíes. El parecido con muchos pueblos andaluces es evidente y de hecho la ciudad fue fundada en 1471 por musulmanes y judíos exiliados de Al-Andalus. En la Plaza de Uta al-Hammann, centro neurálgico del casco antiguo, se pueden encontrar la Alcazaba y la principal Mezquita de la ciudad.

Estrecho de Gibraltar, camino hacia África, donde nos espera el Jbel Musa con nubes.

Hasta pronto, Europa. El peñon de Gibraltar (Jbel Tariq) al fondo.

Callejas en Chefchaouen con su característico tono azulado.

Vista del centro de Chefchaouen, con la plaza Uta al-Hammann, la Qasbah y la Mezquita principal
Allí en Chaouen dormimos la noche del miércoles (Dar Antonio, un lugar realmente agradable y barato), bastante cansados por el viaje pero ciertamente ilusionados por comenzar nuestra ruta por las montañas de Talassemtane, motivo fundamental de nuestro viaje. Esa noche llovió de forma abundante y necesaria porque, al igual que en España, en el norte de Marruecos el invierno ha sido extremadamente seco. Durante la mañana del jueves visitamos el casco antiguo de la ciudad, preparamos las mochilas y salimos por la parte alta de la ciudad camino del collado del Sfiha Telj, por donde cruzaríamos hacia la vertiente norte de esa alineación montañosa y nuestro lugar de destino, la aldea de Azilane. La ascensión se lleva a cabo íntegramente por una pista de tierra que asciende en fuerte pendiente hacia el collado, ya que se salva el nada despreciable desnivel de 1.240 m (de 560 m en Chaouen hasta 1.800 m en el Tizi Sfiha Telj). La vertiente que da a la ciudad se encuentra fuertemente deforestada salvo por pequeñas repoblaciones de pino carrasco (P. halepensis) y resinero (P. pinaster). Domina un matorral rico en matorrales como palmitos, diversas jaras, genisteas y lentiscos, además de encinas con porte arbustivo debido al pastoreo abusivo, los incendios y el aprovechamiento de leñas. A lo largo del cauce de los arroyos se pueden observar galerías de adelfas (Nerium oleander). A lo largo de la ascensión se pasa por varias viviendas donde viven familias que practican una agricultura y ganadería de subsistencia. En estas zonas vimos a uno de los elementos estelares de estas montañas en cuanto a fauna: el colirrojo diademado (Phoenicurus moussieri), un pájaro realmente bonito que se deja ver bastante bien. En los días siguientes tuvimos el enorme gusto de encontrarnos con él nuevamente. :-)
Urginea maritima

Chamaerops humilis (palmito)
Continuando con la ascensión, llegó un momento en el cual comenzó a llover de forma más o menos intensa, en el momento en que comenzamos a ver los primeros pinsapos (Abies pinsapo var. maroccana o A. maroccana) a unos 1.400 de altitud. Pronto esa lluvia pasó a ser nieve y en las inmediaciones del collado Sfiha Telj ya se había acumulado un manto apreciable. Cerca del collado, desde unos 1.700 m de altitud, el bosque pasó a ser una preciosa formación mixta de pinsapos y cedros (Cedrus atlantica), fácilmente identificables por su guía terminal inclinada. Vimos pies de encina hasta unos 1.700 m de altitud, una altitud bastante considerable aunque aún alejada de los 2.200 m de Sierra Nevada. En el descenso hacia Azilane, continuamos recorriendo ese magnífico bosque, donde desaparecieron los cedros y comenzaron a aparecer encinas, arces (Acer granatense) e incluso algunas plantas propias de climas más cálidos como el durillo (Viburnum tinus), mezcladas con los pinsapos. Y en este punto, uno de los momentos más emocionantes que he vivido en el monte hasta la fecha. Primero fue el hecho de escuchar unos gritos de aviso propios de simios a los cuales no les dimos mucha importancia. A continuación, un poco más adelante, unas huellas que cruzaban el camino y que no conseguimos identificar con seguridad. ¿Tejones? No, son demasiado grandes y no tienen esa distribución de los dedos... (momento reflexión...) ¡A ver si van a ser de los monos! En ese preciso instante, gritos de alerta de un grupo de macacos de Berbería (Macaca sylvanus). Y así fuimos tan afortunados de ver ese grupo familiar durante un rato, bajo una intensa nevada. Tuvimos mucha suerte, porque por lo que nos dijeron los habitantes locales, no son fáciles de ver en esta zona del Rif. ;-) Finalmente, continuando el descenso hacia Azilane (1.270 m) recorrimos la transición entre el pinsapar y los pinares de pinos negral (Pinus nigra ssp. mauretanica) con algunos pinos resineros, donde el cielo se abrió durante un instante y pudimos disfrutar de una de estas vistas que se almacenan en tu retina para siempre: los pinsapos en primer plano, las montañas y barrancos del Rif hacia la costa en segundo término y al fondo, el mar Mediterráneo. Aún nos esperaba alguna sorpresa más: una planta nueva para nosotros y con una floración impresionante, Polygala webbii.

Bosque mixto de cedros y pinsapos en el collado Sfiha Telj

Huellas de macaco de Berbería en la nieve

Una de las vistas que recordaré toda mi vida

Macaco de Berbería en la nieve

Polygala webbii

Uoooh, mis amigos: disfrutando de las vistas bajando a Azilane
Finalmente, tras una jornada que se hizo más dura de lo esperado por el peso de las mochilas y las condiciones meteorológicas, llegamos al albergue de Azilane, un lugar muy acogedor donde nos acomodamos, secamos y descansamos un rato. Además pudimos charlar extensamente con su dueño, Abdelkader, comentando algunos aspectos sobre la vida rural en el Rif, los animales, las disputas entre monos y hombres, el kif..., que ampliaré en la siguiente entrada